ESTUDIOS BÍBLICOS BASADOS EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS HEBREAS

C Á P S U L A S

X C V I I I

Por: J. N. Robles Olarte

Arrepentirse no significa no solo decir, “Oh, si, lo siento mucho”. Arrepentirse significa “cambiar”, hacer algo totalmente diferente, volverse ciento ochenta grados de lo que se hacía, ir por un camino diferente al otro.  Un ejemplo muy al caso es como cuando uno tira una pelota hacia arriba; llega a un punto tal que se regresa por efecto de la fuerza de la gravedad.  Asi debe ser nuestro cambio, y vuelta al Creador!

El arrepentimiento tiene el mismo recorrido. Si se va por el camino errado, contra el principio o los principios de nuestro Creador, tal actitud hará que ello vaya en contra nuestra.  Es por ello que debemos, tenemos, la obligación de saber observar el camino mal escogido y “parar” tal actitud y volvernos por el camino indicado por nuestro Creador, del que nunca debimos separarnos.   Arrepentirse es ir ante el Creador  con un corazón y mente contritos, declarar nuestra culpa, y pedir misericordia.  No olvidemos que Él mantiene Su misericordia, Su amor, por mil generaciones, y que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado.  Así que todo lo que cuando trasgredimos Sus Leyes y Mandatos Justos, lo que debemos hacer es solicitarle Su Misericordia, misma que siempre tiene a mano para dárnosla a manos llenas!  No necesitamos de sacrificio alguno, y menos de un sacrificio humano para agradarle y obtener Su perdón y misericordia, como lo practican muchas religiones.  Él mismo nos dice que lo que le interesa es, y ver en nosotros, un corazón deshecho y contrito.  Eso es lo que Él espera para podernos perdonar totalmente!  Si pecamos, debemos seguir el ejemplo que se nos da en Salmos 51.  ¡Confiese su pecado ante Él, y Él le perdonará con toda seguridad!

Regresemos un poco atrás, y veamos una escena increíble que trata del momento cuando el Eterno Creador baja de los cielos a la tierra, y muestra Su Gloria a Moisés, y éste vuelve su cara para no verlo por el temor de morir por ello!   No solo experimentó ver la Gloria del Creador, sino  que su misma cara resplandece maravillosamente.   Después de ello el mismo Creador le proclama personalmente Su Nombre, YHWH, E t e r n o.  La descripción de Su naturaleza básica, Su carácter más profundo se refleja en ser, Misericordioso, Clemente, y Tardo a la Cólera, Rico en AMOR  y FIDELIDAD! ¡Esto mismo fue lo que entendió Abraham, en su tiempo¡

Abraham comprendió que el ETERNO CREADOR es misericordioso, clemente, tardo para airarse, y abundante en amor y fidelidad.  Es por ésta fidelidad que podemos obedecerLE .  Ésta auto revelación es tan básica, tan profunda, que se repite varias veces, y de diferentes formas, a lo largo de las Sagradas Escrituras.  Se convierte ella misma en una descripción  divinamente revelada por el Creador de todo.  Por ello es que Moisés se refiere a ella en numerosas ocasiones!

Lo que es impresionante, y digno de atención, en la revelación efectuada en la cima del Monte Sinaí, es Su absoluta concreción.  Cuando uno lee en Éxodo o Deuteronomio los relatos de éstos eventos, surge un inequívoco sentimiento educador de lo que éstos textos tratan de transmitirnos, de enseñarnos!  Ello tiene que ver con la noción que adquirimos de cómo el Creador Se introduce a Si mismo en los eventos normales de la historia humana, y así hacerse conocer dentro de los más inimaginables objetivos a efectuar. ¡Acción ciertamente extraordinaria!

Hablar del Eterno Creador, creador de Abraham, Isaac y Jacob, es algo increíble! Él llamó a Moisés para que guiase Su pueblo a salir, con mano poderosa, de Egipto; a quien Se reveló en el Monte Sinaí, y habla, cara a cara, con él y, posteriormente, con el pueblo todo.  Su Camino de Vida se suma en los DIEZ MANDAMIENTOS, mandamientos que debemos llegar a conocer, entender y comprender;  y saber, realmente, quien es este ÚNICO CREADOR!  El gran mandamiento se resume en la práctica de la SHEMA. ¡Debemos amar, pues, al Eterno nuestro Creador con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas!

LAS CAMPAÑAS BÉLICAS DE LOS ATLANTES

Jürgen Spanuth

CONTRA EGIPTO.-

Las expediciones militares de los atlantes, igual que ocurre con los cataclismos naturales y las catástrofes mencionadas por Platón, se han considerado sin más como del dominio de la fábula. Incluso los eruditos que llegan a admitir que dentro del relato de Platón «hay algún atisbo de verdad», como Adolf Schulten y Wilhelm Brandenstein —este último, titular de la cátedra de filología de la Universidad de Graz y el primero profesor de Historia Antigua residente durante muchos años en España— consideran todo lo que hace referencia a las campañas de los atlantes como «algo que flota entre las nubes» o niegan por completo tales expediciones. Hay que confesar que los datos que poseemos hasta ahora de las relaciones existentes entre las diversas potencias de la Edad del Bronce nos inclinan a este escepticismo. El hecho de que un pueblo haya atravesado toda Europa, luego el Asia Menor y haya llegado por fin a las puertas de Egipto con la intención de poner bajo su dominio «vuestro territorio (Grecia), el nuestro (Egipto) y todos los otros países que se hallan más acá del estrecho» (Turneo, 25) parece a primera vista inverosímil. Se considera que el proyecto encaminado a unificar todos los países europeos y mediterráneos bajo un solo y único cetro es una concepción demasiado moderna para ser verdad entonces. Si es bastante sorprendente ya de por sí encontrar esta concepción escrita por Platón, lo es aún más si se reflexiona en los años transcurridos desde que se puso en ejecución y que tan cerca estuvo de verse coronada por el éxito. La cosa parecía increíble y por ello la opinión unánime ha rehusado admitir este pasaje del relato de Platón. Ha habido algunos que han intentado sacar partido incluso de esta inverosimilitud para demostrar el valor nulo en cuanto a documento histórico de la descripción platónica referente a la Atlántida.

Y no obstante, los papiros y los escritos contemporáneos demuestran que esta opinión tomada a la ligera es errónea. Examinaremos por unos momentos los datos relativos a las campañas bélicas de los atlantes y de este plan «paneuropeo», suministrados por Platón, comparándolos con las precisiones facilitadas por los documentos contemporáneos. Así podremos llegar a demostrar que Platón no ha sido más que un fiel transcriptor del relato hecho a Solón por el sacerdote egipcio de Sais. Platón aduce a este respecto lo siguiente:

  1. Los pueblos del imperio atlántico habíanse «reunido y formado una potencia única con el propósito de dominar vuestro territorio (Grecia) y el nuestro (Egipto), así como a todos los países que se hallaban más acá del estrecho (de Gibraltar), en el curso de una expedición guerrera» (Timeo, 25).
  2. En el curso de esta campaña los atlantes habían atravesado toda Europa, y habían dominado a toda Grecia con excepción de Atenas y habían pasado luego por Asia Menor hasta llegar a las fronteras de Egipto; país al que pusieron en un gran aprieto, pero al que no pudieron someter (Timeo, 24, 25; Cutías, 108).
  3. Entre los países mediterráneos sometidos a los reyes de la Atlántida figuran: «Libia hasta Egipto y Europa hasta Tirrenia (Etruria)» (Timeo, 25, y Critias, 114). Las gentes de estos países tomaron parte también en la gran expedición militar.
  4. La potencia atlante estaba constituida por un ejército muy bien organizado y equipado. Contaba con dotaciones de carros de combate y disponía de una flota guerrera poderosísima. Diez reyes —denominados «los diez»— bajo el mando supremo del rey de la Atlántida, tenían a su cargo la dirección de las operaciones (Critias, 119, 120).
  5. La expedición de los atlantes tuvo lugar en el mismo tiempo en que ocurrieron las grandes catástrofes de la naturaleza. Es decir, hacia el año 1200 a. C., según hemos establecido antes.

Es un hecho innegable que alrededor del año 1200 tienen lugar sobre la tierra una serie de acontecimientos que guardan estrecha similitud con los que nos describe Platón en su relato sobre la Atlántida.

Los acontecimientos a que nos referimos son los que se denominan en historia con el nombre de «gran migración», «invasión doria», «invasión egea», «invasión iliria». Y en cuanto a los pueblos que tomaron parte en este éxodo en masa en sus momentos iniciales, se los designa como «pueblos del norte» o «pueblos del mar».

Al lado de las inscripciones contemporáneas ya citadas, a las que Bilabel califica de «documentos del más alto valor histórico», nos ayudan en esta tarea infinidad de descubrimientos arqueológicos que contribuyen a levantar un velo sobre este período capital de la historia europea. Con estos datos nos será posible llegar a una reconstrucción de los mencionados acontecimientos.

Bajo el reinado del faraón Merneptah de la XIX dinastía, los libios y sus aliados penetraron en territorio egipcio procedentes del oeste. El agostamiento que sufría su país les impelió a buscar más al este, hacia Egipto, su subsistencia. En esta emigración les acompañaban sus mujeres e  hijos. A las órdenes del príncipe Merije consiguieron los libios llegar hasta Menfis y Heliópolis, en donde se instalaron.

Momento crucial por el que  Egipto nunca había atravesado desde los tiempos de la invasión de los hicsos. Merneptah, hallándose en el quinto año de su reinado, es decir, en el año 1227 antes de Jesucristo, resolvió alejar al invasor. Al tercer día de «epifi» (abril) tuvo lugar un gran encuentro cerca de Perir. Al cabo de seis horas de encarnizado combate el enemigo fue derrotado y buscó la  salvación en la huida. Un rico  botín  cayó en las manos del victorioso faraón: 9.111 espadas de tres a cuatro «espanes» (de 22 a 24 cm.) de longitud, todas ellas de bronce. El número de los caídos fue el de 6.359 libios, 2.370 «gente del norte, originarios de los países del mar (atlantes)», 222 chekelescha (sicilianos) y 742 turuschas (etruscos).

Pero a pesar de que el enemigo (o sea la federación de libios y gente del norte) sufrió una gran derrota, volvió a reagruparse. La batalla de Perir fue sólo una entre muchas y sangrientas batallas. Fue asimismo el anuncio de una revolución mundial, de cuya magnitud y trascendencia no hay otro ejemplo en la historia antigua de la humanidad.

Por las medidas que se tomaron por parte de los Estados situados en la región oriental del Mediterráneo, se deduce que no fue una cuestión sin importancia y que preveían, por el contrario, un terrible peligro.

Hacia finales del siglo XIII a. C. los atenienses construyen sus murallas ciclópeas y las dotan de torres para su defensa. En Micenas se refuerzan las  construcciones defensivas, al mismo tiempo que se preocupan sus habitantes de asegurarse el aprovisionamiento de agua. En Tirinto se realizan obras análogas y se construye una gran fortaleza.

En Asia Menor, los reyes hititas intentan conjurar el peligro firmando alianzas militares con Egipto y realizando grandes fortificaciones en su capital Boghaz-köy. Por último, en Egipto los faraones refuerzan el  efectivo de sus  ejércitos, reconstruyen las ciudades fronterizas, reclutan mercenarios y movilizan grandes contingentes de tropas. «Todo  ello no son más que los signos  precursores de la tempestad», según afirma el historiador Schachermeyr.

Hacia el año 1200 la tempestad prevista estalla con una violencia insospechada. Procedentes del norte penetran en Grecia poderosas formaciones de guerreros que invaden todo el territorio con la única excepción de Atenas, cuyos habitantes se hacen fuertes y resisten con gran heroísmo al invasor.

Los pueblos invasores del norte llegan por vía terrestre, pero debieron ser  expertos constructores de naves y diestros marinos. Si escuchamos la leyenda, en Naupaktos, en el golfo de Corinto, construyeron una imponente flota con la que se hicieron dueños del Peloponeso, destruyendo y aniquilando a las flotas aqueas y cretenses. Luego desembarcaron en Creta, las islas del Egeo y Chipre.

Todo nos induce a creer que una parte muy importante de los conquistadores habíase segregado del cuerpo principal antes de que éste se dirigiese a Grecia. Atravesando el Bósforo, los invasores asolaron Troya

(Troya VII b según los estratos arqueológicos)1. Ochenta años antes (Troya VII a) había sido ya destruida por la invasión micénica helena. Una cadena de  ruinas y de destrucciones jalona esta ruta seguida por los invasores. Parece ser que éstos, «los que seguían la ruta terrestre», operaban conjuntamente con «los llegados por el mar», es decir, aquellos que, partiendo del Peloponeso, navegaban hacia Creta y Chipre.

El Asia Menor fue atravesada por completo y ocupada. El poderoso imperio de los hititas fue aniquilado de tal modo que desapareció casi sin dejar huellas en la historia. Boghaz—köy, la capital de los hititas, según revelan las excavaciones allí efectuadas, fue, a pesar de sus poderosos dispositivos de defensa, tomada al asalto, saqueada y arrasada.

Las inscripciones y textos egipcios contemporáneos corroboran los anteriores datos arqueológicos y nos dan cuenta de cómo se realizó la progresión de los conquistadores. En una inscripción de Medinet-Habú, Ramsés III nos dice: «Los pueblos del norte conjuráronse en sus islas. Éstas fueron destruidas y arrasadas por las tempestades casi al mismo tiempo». No hubo país que pudiera oponerse a la fuerza de los invasores. Los Hatti (rútilas), Kode, Karkemish,  Arzawa, Alasia  (Chipre), fueron pasados a sangre y fuego. Su campo central de operaciones lo instalaron en una ciudad de Amurru (en la actual Siria del Sur). Aniquilaron al país y a los hombres como si jamás hubiera habido civilización en el país. Marcharon sobre Egipto precedidos por un vasto incendio. Los Phrst, Sakar, Denen, sumáronse a ellos y avasallaron a los Sekelesa y Vasasa. Se puede decir que llegaron a extender su dominio hasta los confines de la tierra y su corazón rebosaba júbilo, pues estaban seguros de que sus planes se realizarían.

Combate entre egipcios e hiperbóreos. Detalle del relieve anterior.

Así pues, todo nos induce a creer que antes de lanzar un asalto definitivo contra Egipto, «los pueblos del norte y del océano» se reagruparon en Amurru.

Ramsés III ordenó la movilización general. Fortaleció sus puestos fronterizos del norte, aseguró los puertos y agrupó toda clase de embarcaciones aptas para el combate «que de la popa a la proa estaban colmadas de guerreros avezados y fuertes, armados hasta los dientes». El faraón dio la orden: «Sacad todas las armas, reunid a todas las tropas de reserva para destruir al enemigo miserable». El reclutamiento y la distribución de armas corría a cargo del príncipe heredero. Además de las tropas indígenas formáronse cohortes de negros y de mercenarios sardos. «Todo aquel que estaba bajo las órdenes del faraón y que se consideraba capaz de usar armas, fue provisto de ellas.» Es en tono orgulloso que se lee: «Los soldados eran los mejores de Egipto, eran como leones que rugen en las montañas. Las tropas de los carros  eran todas gentes avezadas al combate, héroes y combatientes, duchos en la lucha y que sabían perfectamente su oficio. Sus  corceles temblaban  impacientes con el afán de destruir al enemigo.»

Al quinto año del reinado de Ramsés III (1195 a. C.), después de algunas escaramuzas ligeras se produjo el ataque general contra Egipto. Seguramente este ataque estaba previsto dentro .de un plan general de operaciones, pues mientras los libios atacaban por el oeste, ayudados como en circunstancias anteriores por los pueblos del norte, desde el mar una poderosa flota de guerra intentó forzar la boca del Nilo, a la par que el grueso principal de la fuerza se puso en marcha desde el país amorrita. Ramsés III salió al frente de sus tropas al encuentro del enemigo.

Se produjo entonces una colisión de significado histórico mundial. Gracias a todos los recursos de que se han echado mano y, al parecer, a la fortuna excepcional que le asistió en varios combates, Ramsés III pudo resistir este asalto de los pueblos del norte. «Cientos de miles» de ellos fueron muertos o capturados. Los barcos de guerra de la gente del norte, algunos de los cuales consiguieron llegar a la costa egipcia, «chocaron contra una muralla de cobre» y «fueron cercados por las lanzas de los soldados, que les obligaron a internarse en el país y les aislaron»; sus ocupantes «derribados al abordaje, fueron aniquilados y sus cadáveres se amontonaban de la proa a la popa de sus naves». Los egipcios hicieron zozobrar a muchos barcos  y muchos tripulantes de ellos, que buscaban la salvación nadando, perecieron ahogados o muertos bajo sus armas. Las mujeres y los niños de estos pueblos del norte o del mar acompañaban en carretas tiradas por bueyes a los que efectuaban la invasión por vía terrestre. Muchos  de ellos fueron cercados, y mujeres y niños, sin distinción alguna, fueron muertos o hechos prisioneros.

Wreszinski, el reputado egiptólogo, supone que la decisión de la batalla estuvo en el mar, debido a la gran prolijidad de detalles que a este aspecto de la guerra se consagra. Es muy posible. Las ilustraciones que llenan las paredes de Medinet-Habú también nos dejan entrever por qué motivo la gente del norte, a pesar de sus innegables dotes marineras, perdió la batalla naval. Sus embarcaciones carecían de remos y estaban dotadas de velas que únicamente podían impeler hacia delante. Al parecer, en aquel día decisivo de la batalla reinaba la calma. Las velas cargadas eran inoperantes y los barcos derivaron al impulso de las corrientes que los llevaban hacia tierra. Por otra parte, la dotación de combate de los barcos iba provista sólo de espada y lanza, es decir, iban equipados sólo para la lucha cuerpo a cuerpo y ninguno disponía de arco. En cambio, desembocando por sorpresa de los diferentes brazos de mar del delta del Nilo, los egipcios tenían sus barcos propulsados y bien dirigidos a fuerza de brazos y todos ellos disponían de arcos, por lo que cayeron como una tromba sobre las embarcaciones enemigas. Manteniéndose a distancia, incumbía a los arqueros el disparar una nube de flechas sobre los pueblos del norte, indefensos sobre el puente de sus naves. Los egipcios, al objeto de proteger a sus remeros y arqueros, se escudaron tras los cuerpos de los prisioneros atados a las bordas de las naves. Cuando la tripulación nórdica fue diezmada por los certeros disparos de los arqueros egipcios, aproximáronse éstos a las naves enemigas y, lanzando garfios de abordaje, los marinos egipcios intentaron ensartarlas en las velas cargadas de los barcos enemigos para hacerlos zozobrar. Una vez logrado, los guerreros fueron aniquilados fácilmente en el agua y sólo algunos de ellos lograron alcanzar la costa, donde fueron capturados por los egipcios.

Los escultores egipcios han inmortalizado en los relieves de Medinet-Habú escenas impresionantes en que la gente del norte lucha por la vida. En una embarcación, dentro de la cual todos los demás hombres están muertos o heridos, se ve a un guerrero que, sosteniendo con su mano derecha a un camarada, cae al agua, mientras levanta su escudo para defenderse. En otro, los marineros del norte, a pesar del peligro que sobre ellos se cierne, ayudan a subir un herido a bordo. Los bajorrelieves de la batalla terrestre muestran escenas que ilustran sobre el espíritu de compañerismo y sobre la valentía de los guerreros atacantes. Otto Eisfeld, que ha estudiado tan acertadamente las civilizaciones fenicias y filisteas, tiene razón cuando escribe: «Los bajorrelieves egipcios que nos explican las batallas libradas por Ramses III contra los filisteos demuestran la valentía de estos últimos. Incluso prisioneros y encadenados, los cautivos mantienen un aire noble y altivo.» Luego veremos que los filisteos tienen un papel importantísimo en la coalición de los «pueblos del norte y del mar».

Los egipcios cercenaron las manos de los muertos y de los heridos tanto de tierra como de mar, para contarlas y luego hacinarlas. En aquel tiempo éste era el procedimiento que se empleaba para efectuar el recuento del enemigo caído en el campo de batalla. Pero, cosa extraña, en tanto que siempre en las batallas libradas por Ramses III el número de manos cortadas se cita escrupulosamente —así, por ejemplo, en la batalla contra libios y pueblos del norte coaligados en las fronteras del oeste de Egipto, las inscripciones de Medinet-Habú registran un total de 25.067 manos y 25.215 falos—, en esta decisiva batalla del año 1195 antes de Jesucristo no se dan las cifras exactas de las manos cortadas. Sólo se dice que fueron cortados «manos y falos sin cuento». En cambio, en el mismo texto se habla de «tantos enemigos como saltamontes», de «cientos de miles» e, incluso, de «millones». «Tan numerosos como los granos de arena del mar» fue, según se dice en las inscripciones, el número de prisioneros.

Todas estas afirmaciones vagas e imprecisas nos inducen a creer que se escogieron estas expresiones debido a que el número de bajas, tanto de muertos como de heridos, fue muy superior al de las batallas precedentes.

Un gran bajorrelieve que se ha conservado perfectamente nos muestra la suerte que se reservó a los prisioneros. Atados fuertemente unos contra otros eran conducidos a campos de prisioneros. Sentados en línea en los campos esperaban a que se les interrogara. Uno a uno eran conducidos ante los oficiales egipcios, a los que es fácil identificar por sus largos mandiles.

Entonces se les marcaba en la espalda, con un hierro al rojo, el sello del soberano. E inmediatamente  seguía el interrogatorio, que quedaba registrado por numerosos escribas.

El  propio Faraón condujo a los reyes y príncipes de los pueblos del norte y del océano que habían sido capturados en el combate. Ramsés III precisa que habiendo hecho prisioneros a diez príncipes de los pueblos del norte fueron uncidos a su cortejo triunfal.

La victoria de Ramsés III parece haber sido total y definitiva, pero la realidad nos dice que no fue sino una victoria pírrica. Muchas otras veces tuvo que ponerse al frente de sus hombres para defender a su país. El Antiguo Testamento hace también alusión a estas continuas guerras entre los egipcios y los filisteos (pueblos del norte). En el Éxodo (13, 17) se dice: «Cuando el faraón permitió que saliera el pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba más cerca; porque Dios pensó que quizá el pueblo se arrepintiese cuando viera la guerra y volviera a Egipto.» Egipto tuvo que pagar muy caro en sangre el precio de estas guerras. Mientras que en el reinado de Ramsés II Egipto se encontraba aún en pleno apogeo, bajo el de sus sucesores un período de letargo anuncia la decadencia. Los pueblos nórdicos pudieron consolidarse en la antigúa provincia egipcia de Amurru, la actual Siria, en donde construyeron puertos seguros en la costa. Durante unos 200 años lograron mantenerse como amos y señores de toda Palestina y las regiones del litoral oriental del Mediterráneo, que a partir de entonces tomó el nombre de «mar de los filisteos» del nombre dinástico de los «Phrst» o filisteos, una de las estirpes de los conquistadores (Éxodo, 23, 31).

Aliados con los libios, los «pueblos del norte» llegaron incluso a penetrar en Egipto, donde instauraron una especie de dictadura militar. En el año 946 a. C., un libio, Sheshonq I, llegó a sentarse en el trono de los faraones.

Si se comparan los hechos históricos según resultan del desciframiento de las inscripciones contemporáneas y de los descubrimientos y los datos facilitados en el relato platónico de la Atlántida, todos ellos concuerdan perfectamente.

Por lo que se deduce del relato atlántico, en los albores de la Edad del Hierro, es decir, hacia finales del siglo XIII antes de Jesucristo y coincidiendo con unas grandes catástrofes naturales, existió un pueblo poderoso que ejerció su hegemonía sobre islas y países situados «en el gran mar del norte». Dicho pueblo, «habiendo llegado a una federación de aliados y vecinos, se propuso conquistar de un solo empuje a Grecia, Egipto y a todos los países situados más allá del estrecho». Esta acometida tuvo lugar, efectivamente, en Europa y Asia Menor hasta Egipto, país que llegó a encontrarse en situación muy apurada a pesar de haber rechazado el ataque. Al invasor sumáronse las huestes de los libios, tirrenos, sekelesa y vasasa. Este ejército estaba al mando de «Los Diez», quienes a su vez obedecían al supremo jefe de los filisteos o de los Phrst. Poderosas unidades de carros de combate, así como una potente flota de guerra, reforzaban el eficaz ejército de tierra. Con el ataque marítimo se establece el primer intento de penetrar por mar en Egipto. Durante el curso de esta descomunal expedición tuvieron lugar muchas catástrofes naturales. Egipto pasó por momentos muy difíciles y logró conservar su libertad a costa de muchos sacrificios y penalidades, durante unos doscientos años. Empleando literalmente las palabras de Ramsés III, esta potencia estuvo a punto de «lograr su propósito de llegar a dominar hasta el más recóndito rincón de la tierra». Y los prisioneros estaban convencidos de que, pese a la terrible derrota infligida por el faraón, «llegarían a poder realizar sus planes».

Es imposible, pues, que Platón, así como la tradición griega y Solón —este último admite: «No había ningún griego que pudiera llegar a sospechar que todo esto había ocurrido» (Timeo, 22) —, se hayan podido inventar todos estos hechos, que, según hemos visto, descansan sobre bases y acontecimientos históricos. Esta concordancia, que llega a ser casi literal, entre el texto del relato platónico y el de los textos contemporáneos egipcios, demuestra que los sacerdotes de Sais estaban perfectamente impuestos de los papiros e inscripciones y que se fundaban en lo que en ellos se decía para hacer la exposición de los hechos a Solón.

He aquí una prueba suplementaria de que, contrariamente a lo que se ha pretendido, el relato de Platón no es fruto de la fantasía, sino un documento histórico perfectamente válido. Se trata, pues, «no de una leyenda poética, sino de una historia verdadera desde todos los puntos de vista» (Tuneo, 26).

The History of Zionism & Judaism

This text is from an article called “An Open Letter” published in the Jewish magazine, “Hachoma”. We think it provides a good historical overview of the history of Zionism and why the Zionist ideology is opposed by religious Orthodox Jews.

The Jewish people, from its inception, has been unique by its identity as a religious entity. Through the centuries its religious character had been a premise agreed upon by Jews and non-Jews alike. Our faith demands as the fundamental condition for recognition as a Jew, belief and adherence to the word of G-d, as was revealed to our forefathers on Mount Sinai. This is in itself, according to the tenets of the Jewish religion, sufficient to fulfill the definition of a Jew. Our religious and traditional history bears no aspect of racism. Hence, one of non-Jewish origin is capable of being proselytized and attaining the same status as a born Jew. Conversely, one of Jewish birth who does not recognize his being bound to the Jewish Torah, is by Jewish law a heretic, and therefore forfeits his spiritual birthrights as a Jew.

The purpose of the Jew is to bear witness to the existence of G-d, through his adherence to the Torah. The Al-mighty granted the Jews the land of Israel as the particular setting which would serve as the most conducive atmosphere to their performance of their duties to G-d.

The Jews in ancient times were banished from the land of Israel because they had failed to fulfill their obligations to the Al-mighty. Every Jew acknowledges this in his prayers (Umipnei Chatoeinu Golinu Meiartzeinu). They accepted the penalty of exile and were at that time expressed sworn by the Al-mighty not to accelerate their redemption on their own, and especially not to rebel against the nations under whose rule they were found. To the contrary, every Jew is commanded to pray for the peace and well being of the government of which he is the subject.

Through all the years of exile, pious Jews as individuals were attracted to reside in the Holy Land because of its innate holy character and the opportunity it offered for the observance of various precepts bound in the land. Jews as a whole continue to pray that the Al-mighty return his Divine presence to the Land of Israel, by the coming of the Messiah, who will build His Temple, from whence will emanate Divine Wisdom and ultimate spiritual fulfillment of the entire human race.

Through the many years that Jews resided in the Holy Land for this purpose, they enjoyed tranquil and cordial relations with the non-Jewish population there.

The Zionist movement which was formed at the latter part of the last century, sought to endow the Jews with a nationalistic character which was heretofore strange to them. It sought to deprive them of their historically religious character and offered in substitution of faith in G-d and adherence to the Torah, and belief in their ultimate redemption by the coming of the Messiah, a nationalistic ideology and the possibility of establishing through political media, a Jewish national homeland.

During the period of the British Mandate, the Balfour Declaration, which recognized the eventual possibility of founding a Jewish national homeland, in Palestine, was affirmed to be the British government. The Jewish Agency, who then was the Chief representative of Zionist interests in the Holy Land, was entrusted with the issuance of visas to the Holy Land, thus resulting in an increased Zionist immigration from various parts of the world, which ultimately succeeded in superceding in numbers, the veteran Orthodox dwellers.

Orthodox Jewry all over the world and the Orthodox Community in the Holy Land in particular, immediately sensed in this stage of Zionist success, the threat of grave danger for the religious future of Jews. The Arab inhabitants began to exhibit open hostility to their Jewish neighbors. The British government failed to distinguish between the Orthodox community, who for generations in habited the Holy Land, and the newly arrived Zionist immigrants.

With the acquisition by the Zionist nationalists of the power to organize communities in Palestine, they formed the Vaad Haleumi Leknesset Yisroel (National Jewish Council Committee). This committee ignored the rights of the Orthodox veteran dwellers who did not recognize this validity of Jewish nationality, and whose identification as Jews was solely with their loyalty to their religious heritage. The religious inhabitants, on the other hand, shuddered at the prospects of spiritual disintegration of World Jewry, with the new rise to power of the Zionist nationalists.

The Orthodox inhabitants actively objected to being subject to the authority of the secularists. They appealed their cause to the League of Nations, who consequently granted them a “Right of exclusion” to the subjugation to the Vaad Haleumi, which rights provided that any Jew wishing not to be incorporated into the Vaad Haleumi, may remain lawfully independent if he so stated his wish in writing. Thousands of Jews did so.

Such was the case until November 1948, when the United Nations finally sanctioned the establishment of a Zionist State. We do not doubt that their success in finally realizing their goal was due in great measure to their having misled the world into viewing the Zionist cause as the Jewish cause. The formation of the Zionist state resulted in the automatic deprivation of the autonomy heretofore possessed by the Orthodox inhabitants of the Holy Land.

The Zionists grasped in the acquisition of their new powers, the opportunity to openly disassociate themselves from any identification with Jews as a religion. They systematically began to orient the minds of their generations according to the tenets of Zionist nationalism. Through the Ministry of Religions they employed part of the Rabbinate to assist them in their aims.

The religious Jews who by virtue of their faith, clearly contradicted Zionist nationalism, and who had lived peacefully with their Arab neighbors for generations, became unwillingly identified with the Zionist cause and their struggle with the Arabs. They requested the United Nations that Jerusalem be designated as a defacto international city. They appealed to the diplocatic corps assigned to Jerusalem — but to no avail. They were hence confronted with the choice of either becoming a part of the Zionist State, which diametrically opposed the interests of Jews as a religion, or abandoning the land of which their forefathers were the first Jewish settlers.

We find it of supreme importance to emphasize that we are fearful of the consequences of the Zionist rebellion against the Creator, as stated expressly in Jeremich, “For it is bad and bitter your renunciation of G-d…” We wish not to be affected by the behavior of this government who in the name of Israel, persist in their renunciation and utter disregard of religious Judaism such as is clearly attested by their laws expressly permitting wanton autopsies (Law of Anatomy and Pathology, 1953), forcible desecration of the Sabbath (Law of Emergency Labor Draft 1967: PPS 1, 19; 27, 36), profanation of Holy Sites by retaining non-religious custodians, desecration of Holy Cemetaries by Safed, Beth Shearim and elsewhere, and countless more examples, proof of which is readily available.

Insofar as all human being find necessary the protection of their rights as human beings, we hereby request all those that find it within their power, to aid us in reacquiring the rights we possessed prior to the formation of the Zionist State*, to remain lawfully independent of the Zionist  authority.

ANTIQUATED THEOLOGY

The first event in the life of Jesus, the gospel story of his birth, is now considered unauthentic by many scholars and some theologians. The birth of a virgin, the visitation of an angel, the star in the East are phenomena contrary to natural laws and rest on insufficient authority for acceptance as credible. The probabilities are against exceptions in the laws of the universe.

The Virgin Birth

by William Floyd

The original evidence for the virgin birth is found only in the gospels of Matthew and Luke, two unknown historians, and both these evangelists implicitly deny their own tale when they trace the descent of Jesus from David through Joseph.[1] The slaughter of the children by Herod, in fear of Jesus as a rival, probably never took place. Mark, Luke and John do not mention it; Josephus, who dwelt on the crimes of Herod, knew nothing of this massacre. According to Luke, Mary and Joseph took Jesus to Jerusalem openly soon after the supposed decree.[2]

[19]

There is dispute as to whether Jesus was born in Bethlehem or Nazareth, and the date of his birth has been placed anywhere from 4 b.c. to 7 a.d. Matthew says that Jesus was born “in the days of Herod”, while Luke says it was “When Cyrenius was governor of Syria.” Herod died in 4 b.c., while Cyrenius did not becomegovernor of Syria until 7 a.d.

The romantic story of the Christ-child is not corroborated by the historians of the time and is in opposition to the theory of evolution by natural processes. And yet it is still one of the main sources of Jesus’ fame, being repeated at Christmas-tide in the churches, thus connecting Jesus with God in a superhuman manner.

The consensus of scholarship is in practical agreement that the theory of the virgin birth as a link between Jesus and God is a mistake; but whose mistake was it? Jesus never referred to his miraculous birth. If he was merely a man and never heard of the rumor about his conception, he was not to blame for the spread of this misleading story throughout Christendom.

While Jesus did not refer to his divine paternity in a physical sense, he did endeavor to convince his hearers that he was more directly connected with God than[20] other men. “I and my Father are one.”[3] “No man knoweth the Son but the Father; neither knoweth any man the Father, save the Son, and he to whomsoever the Son will reveal him.”[4]

Jesus thus proclaimed himself identical with the Lord God of the Old Testament who called himself Jehovah.

This is entirely in keeping with the whole Christian theory, for the raison d’être of Jesus derived from the act of God soon after the creation. Adam and Eve ate of the fruit of the tree of the knowledge of good and evil which God had commanded them not to touch, and for this disobedience, this fall of man from grace, God cursed mankind. Jesus came to earth to save man from the wrath of Almighty God.

But this claim of Jesus to oneness with God renders him liable to censure for the acts of Jehovah which represented a standard of ethics inferior to that preached by the Son of God. According to the scriptures, which anyone may freely search, God advised or countenanced deception[5]; stealing[6], selfishness[7], conquest by force[8], indiscriminate slaughter[9], murder[10], cannibalism[11], killing of witches[12], slavery[13], capital punishment[21] for rebellious sons or for seeking false gods[14], sacrifices of animals[15] and other acts representing the concepts of primitive men.[16]

While Jesus could read[17] and was familiar with the scriptures, it is possible that he was not acquainted with the system of dictatorship formerly employed by his Father. Occasionally Jesus denounced the ethics of “them of old time”, but he always referred to his Father as perfect.

The dilemma is that Jesus must be condemned either for claiming identity with Jehovah (to whom he was really superior), or for accepting with only slight improvements the tyranny of God as described in the Bible, the Word of God. Of course if the Bible is not the Word of God, the whole system of Christian theology falls to the ground.

These acknowledgments by Jesus that he was the Messiah are important, for if he claimed divinity when he was merely mortal, either under false pretences or being self-deceived, he made a mistake of the most serious character. His claim was not recognized by his own people, and many of his followers today deny that he was the Jewish Messiah. Jesus said that he came from God to save the Jews. Either he was truly the predicted Messiah or he made an inexcusable error. In this as in other instances to be cited, Fundamentalists will not admit any mistake, for they believe in the supernatural events connected with the Son of God. But Modernists, who reject the anointed Christ while clinging to the human Jesus, may be at a loss to reconcile Jesus’ claim to Messiahship with their rejection of his divinity.

Jesus stressed his mission to save the world, saying “For God so loved the world, that he gave his only begotten[23] Son, that whosoever believeth in him should not perish, but have everlasting life.”[22]

Whether Jesus was mistaken or not in his estimate of his close relationship with God is for each person to decide; but his theory of the disasters that would follow unbelief in his divinity leads to serious difficulties if accepted literally. For not only was Jesus in error when he insisted that salvation depended upon belief, he was also reconciled to eternal suffering for unbelievers. Note some of his expressions: “If ye believe not that I am he, ye shall die in your sins.”[23] “Depart from me, ye cursed, into everlasting fire, prepared for the devil and his angels … And these shall go away into everlasting punishment: but the righteousinto life eternal.”[24]

“Whosoever shall blaspheme against the Holy Ghost hath never forgiveness, but is in danger of eternal damnation.”[25] “Except ye repent ye shall perish.”[26] “If thy hand offend thee, cut it off: it is better for thee to enter into life maimed, than having two hands[24] to go into hell, into the fire that never shall be quenched.”[27] “How can ye escape the damnation of hell?”[28] “He that believeth and is baptized shall be saved, but he that believeth not shall be damned.”[29]

It is evident from these quotations that Jesus not only preached belief in his divinity as essential to salvation, but endeavored to terrify people into belief by threats of eternal torment. Jesus was responsible for the theological conception of a fiery hell. If he was mistaken, if there never was a place of torment for the wicked after death, is it not an act of constructive criticism to expose the person most responsible for the false doctrine that has caused so much fear and mental suffering? Must we not deplore this mistake of Jesus and recast our entire opinion of him as a religious teacher?

Are we not justified in stating positively that Jesus made a mistake when he taught a physical hell and condemned people to spend eternity in torment for the doubtful sin of disbelief?

The Atonement

The doctrine of the Atonement was taught by Jesus. “For this is my blood of the new testament, which is shed for many for the remission of sins.”[30] [25]

Whether this sacrifice of the innocent Jesus to save sinful man was ordered by God or was voluntary on the part of Jesus, it represents a theory of reprieve from punishment long since abandoned as unethical. If sin must be punished, there is no justice in relieving the sinner and placing the burden upon the righteous.

Moreover, the Atonement appears to have been ineffective, for in spite of the sacrifice that Jesus made, few were to be saved under his scheme of salvation. “Many are called but few are chosen.”[31] “Strait is the gate, and narrow is the way, which leadeth unto life, and few there be that find it.”[32] “Strive to enter in at the strait gate: for many, I say unto you, will seek to enter in, and shall not be able.”[33]

If the theory of Atonement for sin by the sacrifice of the innocent was not ethical and if Jesus taught that doctrine, he was in error, was he not?

The sacrifice of Jesus was not so great as often made by men. Jesus was sustained with the thought that he was saving the world; his physical suffering was not long continued; on the night of his crucifixion he was in paradise.[34] He endured a few hours of pain compared to weeks of suffering by wounded soldiers, or years spent in prison by the proponents of an ideal. [26]

Jesus not only claimed the power to remit sins but also said to his disciples: “Whosoever sins ye remit, they are remitted unto them; and whosoever sins ye retain, they are retained.”[35]

Is that true? Surely it is proper to ask that blunt question. Here is a definite statement concerning the power of certain men to remit sins. If those men did not have the power deputed to them, must we not doubt the accuracy of Jesus?

Jesus made a distinction between himself and the Comforter: “It is expedient for you that I go away: for if I go not away, the Comforter will not come unto you; but if I depart I will send him unto you … And I will pray the Father, and he shall give you another Comforter, that he may abide with you forever.”[36]

It must surprise some Christians that the Comforter could not be present at the same time with Jesus.

Angels and Devils

Jesus believed in angels and devils, often referring to these imaginary supernatural beings as if they existed.

“Thinkest thou that I cannot now pray to my Father and he shall presently give me more than twelve

legions[27] of angels?”[37] “So shall it be at the end of the world: the angels shall come forth.”[38]

The devils were among the first to recognize Christ’s divinity: “What have we to do with thee, Jesus, thou Son of God?”[39] “Let us alone, thou Jesus of Nazareth; art thou come to destroy us? I know thee, who thou art, the Holy One of God.”[40] “And unclean spirits when they saw him, fell down before him, and cried, saying, Thou art the Son of God.”[41]

Jesus believed in demoniacal possession, casting out devils on several occasions.

FOOTNOTES:

[1] Matt. i; Luke iii.

[2] Luke ii, 22.

[3] John x, 30.

[4] Matt. xi, 27.

[5] Ezek. xiv, 9; Num. xiv, 30-34.

[6] Ex. iii, 21-22.

[7] Deut. xiv, 21.

[8] Num. xxxi et al.

[9] Ex. xxxii, 27.

[10] Deut. vii, 16 et al.

[11] Jer. xix, 9 et al.

[12] Ex. xxii, 18.

[13] Lev. xxv, 44-46.

[14] Deut. xxi, 18-21; xiii, 6-9.

[15] Lev. i, 14-15.

[16] See the Old Testament.

[17] Luke iv, 16.

[18] Matt. xxvi, 63-64.

[19] Mark xv, 61-62.

[20] Luke xxii, 70.

[21] John iv, 25-26.

[22] John iii, 16.

[23] John viii, 24.

[24] Matt. xxv, 31-46.

[25] Mark iii, 29.

[26] Luke xiii, 3.

[27] Mark ix, 43.

[28] Matt. xxiii, 33.

[29] Mark xvi, 16.

[30] Matt. xxvi, 28.

[31] Matt. xxii, 14.

[32] Matt. vii, 14.

[33] Luke xiii, 24.

[34] Luke xxiii, 43.

[35] John xx, 23.

[36] John xiv, 16.

[37] Matt. xxvi, 53.

[38] Matt. xiii, 49.

[39] Matt. viii, 29.

[40] Luke iv, 34.

[41] Mark iii, 11.

[42] Mark xiii, 26.

[43] Mark xiv, 62.

[44] John i, 51.

[45] Matt. xvii, 9.

Si el Eterno nos ordena que le adoremos, ¿cómo es  y debe ser ese amor que se nos solicita?  Cuando uno llega a comprender profundamente la grandeza del amor de Él por nosotros, la respuesta lógica no es otra que le demos, en retorno, amor con temor reverente. No miedo, porque Él no desea esa clase de amor.  En otras palabras, conocerle verdaderamente como el Eterno Creador es temerle y amarle, como bien el Rey David lo describe en el Salmos 145:3,8/10 :”Grande es el Eterno, y muy digno de alabanza, insondable es Su grandeza”…”Clemente y compasivo  el Creado , tardo en la cólera y grande en amor”…”Bueno es el Eterno para con todos, y Sus ternuras se manifiestan sobre Sus obras”…”Te darán gracias, Oh Creador, por todas tus obras, y tus amigos Te bendecirán”, respectivamente.

El  anterior versículo 8 es la precisa descripción del CARÁCTER del ETERNO como fue revelado a Moisés, y se repite aquí.  Total compasión, tardo para la cólera, y  una gran misericordia!  El Creador es bueno para con todos los seres humanos.  Sus ternuras derramadas sobre Sus obras son maravillosas.  Nuestro amor por el Creador debe surgir de una profunda realización de Su bondad  expresada hacia nosotros permanentemente, y sobre toda Su creación. Ésta manifestación de Su carácter la ha sabido manifestar muy claramente, y nos la ha revelado. Esto anterior es absolutamente lo que Él es en realidad   y representa!  En la medida que aprendamos a experimentar ese sentimiento, seremos llevados a Él, en SU amor!  Notemos cómo Moisés pone todos éstos conceptos, ya citados, juntos, en el momento en el que se despide de Israel cuando el Eterno le ha anunciado que no entrará a la Tierra Prometida, “Y ahora, Israel, ¿qué te pide el Eterno Creador sino que temas a tu Creador, que sigas todos Sus caminos, que le ames, que sirvas al Creador con todo tu corazón , y con toda tu alma, que guardes los mandamientos del Eterno, y Sus preceptos, los que yo, Moisés, te prescribo hoy para que SEAS FELIZ?”(Deuteronomio 10:12 al 13).

Esta actitud descrita es un despliegue muy definitivo de la respuesta a la que se llega al conocer realmente al Eterno YHWH.  Primero que todo, NO debemos olvidar  que es absolutamente vital el TERMOR REVERENTE, no miedo, hacia el Eterno!  Sin este ingrediente del “temor reverente” hacia el Creador no es posible que tengamos una relación con nuestro Creador y, ciertamente, ningún amor hacia Él.  Por eso es que Moisés llegó a decir: “porque el Eterno, vuestro Creador, es el Elohim  de los dioses, y el Creador de los señores, el Creador grande, poderoso y temible que no hace acepción de personas, y no admite soborno.”(Deuteronomio 10:17).b ¡Seamos imitadores de Moisés¡

El temor para con nuestro Eterno Creador es el principio de la Sabiduría! Es el fundamento  absoluto de todo lo demás. Si no hay temor reverente, no puede haber amor! “Principio del saber es el temor hacia el Eterno Creador!; muy cuerdos son todos los que lo practican.  SU alabanza permaneces para siempre!” (Salmos 110: 10).

Temer al Eterno es tener una profunda y tremenda reverencia por lo que Él es.  Ese temor o. más bien REVERENCIA es la que debemos manifestar por Su majestuosa grandeza, como bien lo dijo el Rey David, una GRANDEZA INESCRUTABLE, que no se puede encontrar en otra divinidad! Él es, sin lugar a dudas, el ETERNO, el CREADOR.  Las Escrituras declaran de Él:”Por la palabra del Eterno Creador fueron hechos los cielos…” (Salmos 33:6).  Él es aquél UNO que da órdenes, y trae a la existencia todo lo que se en vuestro planeta tierra!  Sin Su increíble sabiduría  creativa y poder, que sólo le pertenecen a Él y solo a Él, nuestro planeta seria un vasto y vacio yermo, muy parecido a lo que hoy día sabemos que es Martes y Venus.  Así mismo, el temor hacia nuestro Creador descansa sobre Su grandeza, Sus poderosos hechos en nuestra historia, particularmente el éxodo de Su pueblo, de Egipto hacia el Sinaí!  Este temor hacia el Eterno necesariamente resulta  en la respuesta concreta de que se está “caminando en todos Sus Caminos”.

Moisés le dijo a los Israelitas, en esa ocasión, que el despliegue de Poder y Gloria en la entrega de los DIEZ MANDAMIENTOS, allí en el Sinaí, debería permanecer ante ellos, y ante nosotros hoy día, para que no pecáramos, y más bien continuaran y continuemos en la búsqueda de Sus Caminos, algo que es muy específico y concreto.

Uno bien puede llegar a conocer y, en conformidad, amar al Eterno Creador de una forma análoga como cuando uno llega a conocer y amar a su semejante.  No existe separación alguna entre los elementos de “temer, amar y obedecer” al Creador. Este es el fundamento de una relación íntima de amistad con el Creador mismo.  Notemos cómo la SHEMA comienza diciendo que amemos al Creador con todo nuestro corazón , alma, y fuerza; pero inmediatamente agrega, “queden grabadas en tu corazón estas palabras que YO te mando HOY” Y ese “hoy” aún tiene actualidad y validez, a pesar de lo que las iglesias y religiones de este mundo aduzcan en su contra!

Un profundo temor hacia el Eterno, conectado con un deseo ferviente y sincero de seguir SUS CAMINOS, resulta en un total AMOR HACIA EL ETERNO!  Es algo que solamente se puede experimentar, y que esta vitalmente conectado con un correcto entendimiento de ese CAMINO, Su camino!

El camino del Creador está íntimamente relacionado, y absolutamente fundado, en el CARÁCTER revelado del Eterno! El Creador mismo nos dice que Él es el Eterno, un Creador MISERICORDIOSO y BENÉVOLO, tardo para la CÓLERA, abundante en AAMOR y FIDELIDAD, pero que no deja IMPUNE ni IGNORA  el pecado cometido!  Este mismo carácter específico lo describe y lo refleja el Creador a todo lo largo de Sus Sagradas Escrituras con tres palabras Hebreas. Esas tres palabras Hebreas, incuestionablemente, son tres CONCEPTOS CLAVES de la fe o convicción Escritural.  A pesar de ello permanecen, irónica y virtualmente desconocidas para la mayoría  de los que leen las Sagradas Escrituras.

Para introducirlas vayamos un poco atrás a unas profundas  palabras de jeremías, “Así dice el Eterno: No se alabe el sabio por su sabiduría, ni se alabe el valiente por su valentía, ni se alabe el rico por su riqueza;  más en esto se alabe quien se alabare: en tener SESO Y CONOCERME, porque Yo soy YHWH,                que hago MERCED, DERECHO, Y JUSTICIA sobre la tierra, porque EN ESO ME COMPLAZCO  -oráculo del Eterno Creador.”(Jeremías 9:22-23).

Las tres (3) palabras  MERCED, DERECHO, y JUSTICIA provienen de las Hebreas HESED, TZEDAKAH y MISHPAT. Bien podemos, nuevamente, afirmar que estas tres palabra las podemos comparar con FE o CONVICCIÓN! Lo demás son puras palabras al viento!  Para finalizar éste tema comparemos las tres palabras del Creador con las tres que persiguen los hombres, SABIDURÍA, PODER Y RIQUEZA, y veremos la gran diferencia en propósito y meta que existe entre ellas! Esperamos que escoja las primeras!!

En lo que más se complace nuestro Eterno Creador es en tres palabras, y lo que ellas deben implicar para todos y cada uno de  nosotros.  Son ellas, como antes vimos, HESED, TZEDAKA, y MISHPAT.  HESED, a menudo, se traduce como “misericordia, amor o bondad”, es una palabra que describe “ternura”.  Viene a ser el corazón del mismo Creador, y nos conecta también al concepto de “gracia y perdón”. La combinación en la traducción que se hace de la misma, “amor bondadoso”, aunque algo torpe, consideramos que es una traducción correcta.  A través del Profeta Oseas, el Eterno nos dice, “Me DELEITO en la HESED más que en el SACRIFICIO.” (Oseas 6:6).

En respuesta a lo que Moisés nos pregunta “¿qué es lo que el Creador solicita de todos nosotros?”, el Profeta Miqueas nos dice, “Se te ha declarado, Oh hombre, lo que es bueno, lo que el Creador de ti reclama: TAN solo practicar la EQUIDAD (justicia), amar la PIEDAD, y caminar HUMILDEMENTE con tu Creador.”(Miqueas 6:8).  Aquellos que llegan a conocer al Creador, y SU CAMINO, deben aprender a deleitarse en la HESED.

MISHPAT, por lo general, se traduce como “justicia”.  Ello implica ser “correcto”, “ecuánime” e “imparcial” en cualquier circunstancia  o situación.  Aquí, Miqueas también nos hace una anotación muy importante, “el ETERNO requiere de nosotros que hagamos JUSTICIA”, que seamos ecuánimes.(Miqueas 6:8). Los Profetas, constantemente, hablan de la “mishpat”.  Y en un bien conocido pasaje, Amos clama, “Que fluya, sí, el JUICIO como agua, y la JUSTSICIA como torrente inagotable.”(Amos 5:24).

TZEDAKAH también se liga directamente con la”mishpat.”  Están estrechamente relacionadas, y algunas veces la una reemplaza a la otra.  Por lo general, se traduce “derecho”, refiriéndose a una buena y correcta forma de conducirse.  En otros casos, éstas cualidades son los estándares de la moral misma del Creador para con la humanidad.  Ellas tres, juntas, conforman una tríada bien balanceada y completa.  Se combinan, una con otra, para jugar el papel de la otra.  El amor bondadoso, en ocasiones, puede mitigar la JUSTICIA.  Y aún más, lo que es verdaderamente JUSTO y CORRECTO define, a menudo y en primer lugar, el Camino del Amor Bondadoso o Amor Generoso de nuestro Creador!.

Las acotaciones que siguen ilustran bien éste punto, “El Eterno ama la JUSTICIA y el DERECHO; del AMOR del Eterno está llena toda la tierra.” (Salmos 33:5)…”JUSTICIA y DERECHO, la base de Tu trono, AMOR y LEALTAD ante Tu rostro marchan” (Salmos 89: 15).  Cuando el Eterno, finalmente, pose Sus pies sobre el MONTE DE LOS OLIVOS, y el REY DAVID sea vuelto a la vida espiritual eterna como el Mesías prometido, Su “plan básico” será el establecer SU Reino o Gobierno en el Monte de los Olivos, que está ubicado al frente de Jerusalém, a su costado oriental; “y el Monte de los Olivos se hendirá por el medio, de oriente a occidente, formándose un enorme valle: y la mitad del monte se retirará hacia el Norte, y la otra mitad hacia el Sur.” (Zacarías 14:4).

Y,”…se afrentará la Luna Llena, se avergonzará el mismo Sol cuando reine el ETERNO  de los ejércitos celestiales en el Monte de Sión, y en Jerusalém, y esté Su Gloria en presencia de Sus ancianos”(Isaías 24:23).

Así, en “esos días”, el Trono será establecido con amor generoso, “Grande es Su SEÑORÍO y la PAZ no tendrá fin sobre el Trono de David, y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la Equidad y la Justicia,  desde ahora y hasta siempre; el Celo del Creador hará eso.” (Isaías 9:6) Y, “será establecido sobre la PIEDAD el trono, y se sentará en él con LEALTAD v -en la tienda (casa) de David habrá  un juez que busque el DERECHO, y esté presto a dar JUSTICIA.”(Isaías 16:5).

El más famoso de todos los libros sobre brujería, Malleus Maleficarum (El Martillo de los Brujos) fue escrito en 1486 por dos monjes dominicos. En el acto, y a lo largo de los tres siglos siguientes, se convirtió en el manual indispensable y la autoridad final para la Inquisición, para todos ‘los jueces, magistrados y sacerdotes, católicos y protestantes, ‘en la lucha contra la brujería en Europa.

Abarcaba los poderes y prácticas de los brujos, sus relaciones con el demonio, su descubrimiento.  La Inquisición, la hoguera, la tortura, mental y física, de la cruzada contra ‘la brujería: todo esto es conocido. Y detrás de cada uno de los actos sanguinarios se encontraba este libro, a la vez justificación y manual de instrucción.

Para cualquier comprensión de la historia y naturaleza de la brujería y el satanismo, la obra Malleus Maleficarum es la fuente importante. La primera fuente.

Sus autores fueron, Heinrich Kramer, que nació en Schlettstadt, ciudad de la baja Alsacia, al sudeste de Estraburgo. A edad temprana ingresó en la Orden de Santo Domingo y luego fue nombrado Prior de la Casa Dominica de su ciudad natal. Fue predicador general y maestro de teología sagrada. Antes de 1474 se le designó Inquisidor para el Tirol, Salzburgo, Bohemia y Moravia.

]acobus Sprenger, otro de los autores, nació en Basilea. Ingresó como novicio en la Casa Dominica de esa ciudad en 1452. ‘Se graduó de maestro de teología y fue elegido Prior ‘y Regente de Estudios del convento de Colonia. En 1480 se le eligió decano de la facultad de Teología de la Universidad. En 1488, Provincial de toda la Provincia Alemana.

Ambos fueron nombrados Inquisidores con poderes especiales, por bula papal de Inocencio VIII, para que investigasen los delitos de brujería de las provincias del norte de Alemania. Malleus Maleficarum es el resultado final y autorizado de esas investigaciones y estudios. Este libro sirvió de guía a los diabólicos miembros de la Inquisición en toda Europa y, después en América, encabezados por la Iglesia de Roma! La Orden religiosa más famosa para aplicar los “castigos” a brujos y no brujos fue la Orden de los Dominicos, y el Papa que ordenó todo ello fue el Papa Inocencio VIII, tras la proclamación de una Bula.

Energético, inflexible y fanático son los adjetivos con los cuales se puede  definir al Papa Pablo IV ( 1555-1559).  Habiendo sido GRAN INQUISIDOR y maestro de la tortura por una generación, éste Papa fue el terror de los incrédulos.  Su logro más grande fue hacer de la INQUISICIÓN un arma fuerte en Italia, los Países Bajos y el Oriente. Creía tanto en la TORTURA que gustosamente pagana de su propio cofre nuevos instrumentos.

Reformo a la Iglesia haciendo uso de todos los métodos a su disposición sin importar quien cayera.  Famoso también por la corrupción, ya que él colocó a su sobrino Carlo Caraffa como cabeza política de la Santa Sede.

Fue enemigo de las mujeres, de los Judíos y de los Protestantes.  En Julio de 1555, dos meses después de su elección, éste Papa hizo pública una Bula o Edicto poco conocido, en contra de los Judíos debido a que él sospechaba que éstos estaban asistiendo a los protestantes.  La Bula Papal se llamó la CUM NIMIS ABSURDUM. Ésta  hacía recordar a los cristianos que desde los días cuando los Judíos habían matado a Cristo, sólo estaban en condiciones de ser esclavos.  Se les ordenó quedar confinados a un área restringida, el GUETHO, y que usaran un peculiar sombrero amarillo.  También fueron obligados a vender sus propiedades a precios regalados como el de vender una casa a cambio de un burro o un viñedo, o por una prenda.

Los Judíos solo podían dedicarse al comercio de poca importancia y a la STRAZZARIA (venta de ropa de segunda mano), tampoco podían emplear a cristianos, ni asistirlos medicamente.  La mayoría de sus SINAGOGAS fueron destruidas como también sus libros sagrados.  Los cristianos no podían dirigirse a ellos llamándolos “sir” (Señor), ni siquiera los mendigos.  Llevaban puesto, en público, un sombrero amarillo como identificación, y tenían que regresar a sus “guetos” al caer la noche.  El gueto Romano estaba poblado con más de 4000 Judíos, en un perímetro de sólo 500 yardas.  El Papa Pablo IV esperaba que las medidas represivas condujeran a una conversión masiva, pero la mayoría de ellos permanecieron inquebrantables en su fe.

Se dice que el Papa odiaba a las mujeres tanto como a los Judíos, prohibiéndolas que se acercaran a él en cualquier momento.

Su odio hacia los Protestantes era tan violento que se perpetuó el alojamiento entre el vaticano e Inglaterra.  Se negaba a comunicarse con la Reina Elizabeth I por su condición de mujer y Protestante.

Con la invención de la imprenta alrededor del año 1450, los libros comenzaron a rodar por las prensas. La INQUISICIÓN  busco censurar el contendio y la cantidad de libros, y en 1559, Pablo IV ordenó un ÍNDICE oficial de Libros Prohibidos, destinando a éste una larga lista de ellos.

Entre tales libros se encontraba el clásico de la literatura de Boccaccio, “EL DECAMERON”, y el GARGANTUA, y el PANTAGRUEL de Rabelais.

También se incluía un tratado, el Concillium, al que él mismo había contribuido como Cardenal.  El tratado había criticado abiertamente la supremacía papal, la simonía, es decir el soborno para obtener favores espirituales, y otros abusos.  Unas de esas copias cayó en manos de los Protestantes, y encontraron que ese trabajo confirmaba todo lo que ellos habían estado protestando-  Los editores eran constantemente amenazados parta mantenerlos en raya y varios  autores, o bien cesaban de escribir o tenían que contentarse con  publicar “versiones aceptables”.

Poco antes de su muerte este papa expresó su deseo de incluir profesiones a su índice.  Entre ellos se encontraban los bufones, actores, y escultores que realizaban crucifijos feos.

Cuando Pablo IV murió, en Agosto de 1559,  el pueblo quemó el Palacio de la Inquisición, y destruyó sus estatuas… Triste ejemplar de la Iglesia de Roma…la Gran Prostituta del mundo!

Algo que las mayoría olvida con respecto a los DIEZ MANDAMIENTOS, la TORAH, o más correctamente, el TESTIMONIO, es el hecho de que fueron escritos en dos tablas de piedra por ambos lados  por el dedo de nuestro Creador, es decir, por cada una de los dos lados de tales tablillas.  Son pues cuatro los lados, de aquéllas dos tablillas de piedra que fueron grabadas por la misma mano de nuestro Creador! (Éxodo 32:15)  Esto es casi un fenómeno .  El Creador mismo escribió sobre las dos tablillas SU TESTIMONIO , y se las dio a Moisés para que fuesen PRESERVADAS , en el mismo corazón de SU SANTUARIO, y dentro del ARCA DEL PACTO.

Entendemos que el TABERNÁCULO  es el modelo terrenal del SANTUARIO BCELESTSIAL (Éxodo 25:9)!  Los DIEZ MANDAMIENTOS son, literalmente, DIEZ PALABRAS que expresó nuestro Creador  en el SHAVOT ( la Fiesta de las Semanas)  a todo Israel en Monte Sinaí (Éxodo 34:28).  En este momento histórico sin precedente el mismo Creador dio maravillosos testimonios  de Su Camino de Justicia y Rectitud. Él, literalmente, expresó con voz que se podía oír, los DIEZ MANDAMIENTOS, con un despliegue de poder y gloria!

Éstos Mandamientos son, y constituyen, el corazón  de la TORAH.  Nuestro Creador manifestó éstas palabras, “…y nada más añadió” (Deuteronomio 5:22). Es decir, están completas!  Todos los otros mandamientos, estatutos, ordenanzas y la Torah fueron dadas a Israel para que las observara aquí en la tierra; son esencialmente aplicaciones de éste CAMINO de Justicia, y de Rectitud. (Deuteronomio 12:1).

Éste TESTIMONIO ofrece una bella y simple forma dele perfil del CAMINO DEL ETERNO para toda la humanidad.  Cada uno de esos mandatos, inclusive el séptimo día o Shabbath, fueron conocidos y practicados por aquéllos quienes conocieron al Creador, desde Adán hasta Moisés.  Bien podemos leer que ENOC caminó con el Creador; y que NOÉ fue un hombre justo quien también caminó con el Creador. (Génesis 5:22 y Génesis 6:9).  Más tarde Él le recuerda a Isaac que Abraham fue “escogido en pago de que Abraham Me obedeció, y guardó Mis estatutos, Mis mandamientos, Mis preceptos, y Mis Instrucciones”(Génesis 26:5).

Si bien los hombres y mujeres del resto de naciones no conocieron la Torah en la forma precisa y completa como la nación de Israel la conocían, ciertamente que conocieron ese CAMINO  básico de justicia y rectitud porque lo vieron en Abraham y las Trece Tribus que conformaban a Israel: “Pues Me he fijado en él, para que él (Abraham) mande a sus hijos y a su casa después de él, que guarden el Camino del Eterno, practicando la justicia y el derecho, a fin de que el Eterno YHWH haga venir sobre Abraham  -y sus descendientes-   lo que le tiene prometido”.  (Génesis 18:19).  No existe nada  particularmente Judío, en el aspecto religioso, en éste TESTIMONIO de nuestro ETERNO CREADOR!   Si bien en verdad éste “testimonio” vino a ser el centro y fundamento específico del PACTO efectuado entre el Creador y Su pueblo Israel,  que se han conocido como los “Diez Palabras o Mandamientos” ellas son mucho más que mandamientos que uno pueda cambiar o desechar.   Cada uno de ellos representa un tópico muy importante, una categoría completa  de entendimiento y conocimiento, por ejemplo, sobre la “sexualidad humana”, “derechos de propiedad”,  “habla humana”, etc. Todo ello se expone y se amplifica a lo largo de las Escrituras Hebreas.

Aquéllos quienes afirman que éste asombroso y mal comprendido TESTIMONIO DEL CREADOR, las Diez palabras  manifestadas por Él han sido abrogadas, alteradas o reemplazadas por otras, están bajo el más serio género de engaño.  Veamos, y entendamos, que es lo que se requiere en la Fe o Convicción Hebrea a éste mundo en general, “…venid, subamos al Monte o Casa de del Creador de Jacob, para que Él nos enseñe Sus Caminos y nosotros sigamos Sus senderos.  Pues de Sión saldrá el TESTIMONIO o TORAH, y de Jerusalém las Palabras del Eterno Creador…para todas las naciones:”(Isaías 2:3, Versión Católica de La Biblia de Jerusalén). Es de origen Satánico el aseverar que el TESTIMONIO o TORAH de nuestro Creador y Soberano han sido “clavados en una cruz” que sólo rememora la fantasiosa y lúdica historia de la Iglesia de Roma!

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Acerca de jorgenelson24

Adulto mayor temeroso del verdadero Creador de todo, nuestro amado ETERNO...
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